A.- Oye, no te vayas
L.- No puedo quedarme. ¿Además ¿para qué? no me va lo de alargar innecesariamente las cosas.
A.- Ya, pero no quiero que te vayas. Si quieres luego te llevo yo a donde quieras...
L.- Mira, lo he pasado muy bien contigo, te has portado como un caballero y yo no quiero ser una bruja, asi que mejor ahora que luego... no te puedes hacer una idea de lo complicada que es mi vida en este momento... lo siento, prefiero que nos volvamos a encontrar por casualidad que forzar las cosas.
A.- Nunca serías una bruja, en todo caso una libélula con ojos de rubíes, la princesa de Trujillo o la monstrua del pantano
L.- Gracias por entenderlo. Ha sido un placer.
A.- Un verdadero placer.